viernes, 24 de junio de 2011

El verdadero rostro de la muerte



por Francisco de Quevedo, en "Sueño de la Muerte" (1.623)
citado por Roberto F. Giusti, en "Lecciones de Literatura Española"

"Una noche me encontraba yo en cama, contemplando los misterios oscuros, cuando entró por la puerta una persona que parecía mujer, muy galana y llena de coronas, cetros, hoces, zapatos, pantuflas, tiaras, caperuzas, mitras, sombreros, cascos, tapados de piel, seda, oro, garrotes, diamantes, cañas, perlas y guijarros. Un ojo abierto y otro cerrado, y vestida y desnuda de todos los colores. Por un lado era joven y por otro era vieja. Unas veces venía despacio y otras deprisa. Parecía que estaba lejos y estaba cerca. Y cuando pensé que recién empezaba a entrar en mi habitación, estaba ya a la cabecera de mi cama.

Yo me quedé preguntándome qué era todo eso, viendo tan extraño ajuar y tan desbaratada compostura. No me espantó; pero me dejó pensativo, y no sin risa, porque, mirándola bien, tenía gracia y estilo. Le pregunté quién era, y me dijo:

- Soy la Muerte.

La Muerte? Quedé pasmado. Y apenas abrigué al corazón algún aliento para respirar. Y, muy torpe de lengua, casi tartamudeando cada palabra, le dije:

- Pues, a qué vienes?

- Vengo por ti -dijo.

-Oh Dios mío! Ya ha llegado mi hora?

- No. Aún no es tu hora -dijo ella- Vivo vendrás conmigo a hacer una visita a los difuntos. Pues ya que han venido tantos muertos a los vivos, está bien que vaya un vivo a los muertos, para que los muertos sean oídos. ¿Acaso me llevo a los que aún no deben partir? No, así es que tranquilízate y ven conmigo.

Ya sin miedo, le dije:

- No me darás tiempo a que me vista?

- No hace falta -respondió- Que conmigo nadie va vestido ni tengo grandes pretensiones. Es más: Yo cargo con las posesiones de todos, para que viajen más ligeros.

Fui con ella donde me guiaba, aunque no sabría decir por dónde, pues esas regiones eran de puro espanto. En el camino le dije:

- Yo no veo señas de la Muerte, pues allá nos la pintan como si fuera unos huesos descarnados con una guadaña.

Se detuvo y respondió:

- Eso no es la Muerte, sino los muertos, o lo que queda de los vivos. Los huesos son el dibujo sobre el que se labra el cuerpo del hombre. Andan por ahí sin conocer a la Muerte, y eso que ustedes mismos son su propia muerte. La Muerte tiene la cara de cada uno de ustedes, y todos son muertes de ustedes mismos. La calavera es el muerto, y la cara es la muerte. Lo que ustedes llaman morir en realidad es acabar de morir, y lo que llaman nacer es empezar a morir, y lo que llaman vivir es morir viviendo. Y los huesos es lo que de ustedes deja la muerte y lo que le sobra a la sepultura.

Si ustedes entendieran esto, sabrían que cada día que pasan puede ser el último -pues no saben cuándo vendré a buscarlos- y sabrían también que cada día que pasa, se acercan inexorablemente a mi abrazo. Asimismo entenderían que estoy con ustedes todos los días, en sus casas, en sus trabajos, pues por naturaleza todos los hombres son mortales. Pero yo sirvo a la Sabiduría, y ella no me permite llevarme a nadie antes de tiempo.

Ustedes piensan que los huesos son la muerte, y que hasta que no vean venir a la calavera y la guadaña no hay muerte para ustedes, pero primero son calavera y huesos en su propio cuerpo, así que es sólo cuestión de tiempo para que pierdan la frágil capa de carne que los envuelve.

En esto llegamos a una cima grandísima, la muerte predicadora y yo desengañado. Entró como si fuera su propia casa, y yo tras ella, animado por saber ahora que la muerte no era esa cosa tan espantosa que uno imaginaba.

Estaban a la entrada de aquel lugar tres bultos armados a un lado, y un monstruo terrible del otro, combatiendo constantemente todos contra todos, los tres contra el mounstro y el monstruo contra los tres.

La Muerte se detuvo y me dijo:

- Sabes quiénes son esos?

- Dios me libre de tener que conocerlos! -dije yo.

- En serio? Pues sabe que andas con ellos todos los días -dijo ella- desde que naciste. Mira cómo vives: Estos tres son los enemigos del Hombre: el Mundo, el Diablo y la Sensualidad.

Y eran muy parecidos unos a otros, al punto que casi ni se diferenciaban. Entonces dijo la Muerte:

- Son tan parecidos, que los hombres confunden a uno con otro constantemente: Piensa un soberbio que tiene todo el Mundo, y tiene al Diablo. Piensa un imprudente que puede vencer al Diablo, y sólo persigue la Sensualidad. Piensa un lujurioso que disfruta de la Sensualidad, pero es un esclavo del Mundo. Y así anda todo.

- Y quién es -dije yo- aquel que está allí apartado, haciéndose pedazos con estos tres, con diferentes caras y figuras?

- Ese -dijo la Muerte- es el Dinero, que dice ser el más grande enemigo del Alma, y que por lo tanto no hace falta nadie más para corromper al Hombre. Dice que él sólo es como los otros tres enemigos juntos, así es que los demás vienen sobrando. Quién necesita imitadores de segunda?

Seguimos ascendiendo y llegamos a una gran sala, como una Corte, donde la Muerte se sentó en un gran sillón. Alcé la vista, y vi a sus costados, de ambos lados del sillón, muchas muertes: Estaba la muerte de amores, la muerte de frío, la muerte de hambre, la muerte de miedo y la muerte de risa, todas con diferentes insignias.

La muerte de amores se la veía con muy poco seso, con la vista perdida, siempre soñando y extrañando a alguien que jamás regresaría. Para que no esté sola, la acompañaban Píramo y Tisbe, embalsamados (para que no se corrompieran por su antiguedad) y Leandro y Hero; y también Macías, en conserva; y algunos portugueses derretidos. (1) Eran muchas las personas que estaban listas para caer debajo de su guadaña, pero a la menor señal de regreso de su amor, resucitaban.

Con la muerte de frío estaban todos los ricos, que, como no tienen mujer ni hijos ni sobrinos que los quieran, sino a sus haciendas, cuando enferman gravemente cada uno carga con lo que puede y mueren de frío.

La muerte de miedo era la más rica y pomposa, y tenía más acompañantes que ninguna otra, pues no pueden escapar de ella todos los tiranos y poderosos de la Tierra. Estos mueren a sus mismas manos, y sus conciencias no dejan de atormentarlos. Ser sus propios verdugos es el único bien que le hacen a la humanidad: al matarse a sí mismos de miedo, recelo y desconfianza, cumplen la venganza que piden todos los inocentes a los que han defraudado durante su vida.

Estaban con ellos los avaros, cerrando cofres, arcones y ventanas, y escondiendo bajo la tierra cuanto pudiera tener valor, hechos sepulturas de sus monedas, y pendientes de cualquier ruido del viento, los ojos hambrientos de sueño, las bocas quejosas de las manos, las almas trocadas en plata y oro.

La muerte de risa era la última, y tenía una grandísima corte de confiados y tarde arrepentidos. Gente que vive como si no existiese justicia y muere como si no hubiese misericordia. Esos son los que, cuando alguien les dice "Cambia ya de vida! Devuelve lo robado! Deja de hacer el mal!" responden "Es cosa de risa!" Y uno les advierte: "Mira que estás viejo y las maldades que has hecho te han roído hasta los huesos! Deja de abusar de las mujeres, de agobiarlas con tu mal carácter, mira que hasta el mismo diablo te desprecia por inútil y molesto, y hasta la misma culpa tiene asco de ti" pero a todo eso responden: "Es cosa de risa! Nunca me he sentido mejor!" Hay otros que están muy enfermos, y si alguien les aconseja que pongan sus asuntos en orden, y contemplen la posibilidad de la muerte, dicen que se sienten muy bien y que han estado así mil veces antes. Esos son gente que están en el otro mundo y aún no se persuaden de que son difuntos.

Entonces yo, maravillado por todas estas revelaciones, y herido de dolor y conocimiento, dije: "Tenemos una sóla vida y tantas muertes! De una manera se nace y de tantas se muere! En cuanto vuelva con los hombres, empezaré a vivir de verdad!"

(1): Píramo y Tisbe, y Hero y Leandro, eran famosos amantes antiguos. "Macías el Enamorado", un trovador gallego, era considerado como el perfecto amante leal y constante hasta la muerte, muy celebrado por los poetas del siglo XV. A su vez, los portugueses tenían fama de enamorados, y por lo tanto de "derretidos".

La Reina Sonia inauguró un monumento a las Brujas quemadas por la Inquisición en Noruega



La reina de Noruega inaugura un monumento a brujas y hechiceros quemados

La reina Sonia de Noruega inauguró oficialmente el jueves en la ciudad ártica de Vardoe (norte) un monumento en homenaje a las decenas de hombres y mujeres condenados injustamente a la hoguera por brujería en el siglo XVII.

Entre 1598 y 1692, 135 personas fueron acusadas de brujería, entre ellas varias niñas menores de 12 años.

Según los historiadores, 91 ardieron en Vardoe y sus alrededores, lo que convierte esta región en uno de los escenarios más importantes de la caza de brujas en Noruega.

El monumento, diseñado por el arquitecto suizo Peter Zumthor, es un largo pasillo donde se alinean fichas sobre las 77 mujeres y los 14 hombres acusados de herejía o de pacto con el diablo.

En una galería vecina la artista estadounidense Louise Bourgeois concibió una silla de la que se escapan llamas en el lugar donde, según todo parece indicar, se levantaba la hoguera.

"Era como entrar a ser juzgada", declaró la reina Sonia a la emisora NRK tras haber visitado la galería.

La fecha de la inauguración no debe nada al azar: el jueves es la víspera de la San Juan, que se celebra en Noruega en torno a grandes hogueras.

La reina Sonia de Noruega (drcha) camina por el interior del monumento de Steilneset, en memoria a las decenas de hombres y mujeres condenados injustamente a la hoguera por brujería en el siglo XVII, en Vardoe, el jueves 23 de junio.

http://ar.noticias.yahoo.com/reina-noruega-inaugura-monumento-brujas-hechiceros-quemados-122706921.html